Recupera tu autoridad: No entregues tu poder personal a limpiezas externas ni a personas que prometen resolver por ti.
Cómo liberar los parásitos energéticos de tu vida
Recupera tu autoridad: No entregues tu poder personal a limpiezas externas ni a personas que prometen resolver por ti
La clave para limpiar tu energía es comprender una verdad simple, pero transformadora: Los parásitos energéticos y las entidades que afectan tu bienestar son exactamente eso, parásitos. Y tú eres el huésped.
Pueden haber llegado de muchas maneras: por herencia familiar, por los lugares que frecuentas, por trabajos energéticos o intenciones ajenas, o incluso por tus propias oraciones e invocaciones hechas desde la inconsciencia. El origen importa menos de lo que crees. Lo importante es entender que, una vez presentes, generan un vínculo contigo.
Y ese vínculo es la razón por la que ningún trabajo externo puede reemplazar tu propia autoridad.
Es similar a un parásito intestinal. Tu madre, tu pareja, tu mejor amigo o la persona más experta del mundo no pueden expulsarlo por ti. Puedes recibir orientación y apoyo, pero eres tú quien toma el medicamento. Es tu propio cuerpo el que hace el trabajo.
Con la energía ocurre lo mismo.
Puedes acompañar tu proceso con herramientas como el humo, el sahumerio, la oración, la meditación o la intención consciente. Pero quien establece el límite, quien dice “basta”, eres tú. Tu decisión y tu autoridad interior son la fuerza que rompe el vínculo.
Por eso, no entregues tu poder personal a limpiezas externas ni a personas que prometen resolver por ti aquello que solo tú puedes transformar. Y tampoco intentes hacer el trabajo energético de otros, incluso si los amas profundamente.
La verdadera ayuda no consiste en rescatar, sino en acompañar.
Aprendamos a ser autónomos e interdependientes al mismo tiempo. La interdependencia real significa: yo te sostengo la mano mientras tú resuelves. Tú me sostienes la mano mientras yo resuelvo. Nos acompañamos, nos enseñamos y nos recordamos mutuamente nuestra propia autoridad.
Ayudar no es cargar con el proceso del otro. Ayudar es confiar en que el otro tiene la capacidad de sanar, decidir y recuperar su poder.
Esa es la única forma de ayudarte a ti y de ayudar verdaderamente a los demás.


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